sábado, 16 de octubre de 2010

Voy dejando
trozos de vida
en pequeñas
cajas abandonadas.
Corazón desintegrado,
alma marchita que
llora junto a la
música un anochecer
como éste.
Sangrientos días
donde un "ojalá"
constante se repite
golpeando con vil
dureza inexperto
pecho.
Voy dejando una
vida escrita
sobre una ciudad
fría, abandoné
el llanto, cubriendo
los ojos con quebradas
sonrisas.
Agonizante juventud,
encarcelada en un cuerpo
donde los sueños fueron
convertidos en un frente
abierto.
Caen sobre mi edificios,
cuerpos austeros,
caen sobre mi,
sobre agónico tiempo
aniquilando pequeños
retales luminosos.
No hay luceros
en Madrid.
-Vacio-

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