sábado, 6 de noviembre de 2010

Adiós, la boca
grita mientras
una mano con
gesto delicado
rompe el corazón.
Dos muertes en
una vida que
desea sobrevivir.
Autodestrucción,
batallas perdidas
desde un oscuro
salón.
Adiós, una mirada
entristecida soñando
a través de una ventana
sin cristal.
Alto precio el amar,
alto precio amar.
Soledad, sobre grandes
avenidas de una ciudad
enfermiza sellé la boca
estampando el desaliento
en un cuerpo envejecido
por el sufrimiento.
Soy aquello que el ritmo
frenético me obligo a ser
siendo mi esencia el beso.
Dulce beso amargo,
muñeca de trapo
descorazonada,
adiós, los besos
difuminados en el
cuello son heridas,
maldita herida testigo
de un desvanecer del
cielo infinito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario