lunes, 22 de noviembre de 2010


Adormecido el
pensamiento,
Madrid dejó
de ser esa
ciudad de
oportunidades.
Coleccionando
solitarios días
y solitarias
noches esa
voz es esperada
como único latido
que palie estas
lágrimas.
Ella siguió esperando
con un sol convertido
en tormenta, con una
tormenta convertida
en agujas clavadas
en las pupilas.
Ella, callada, silenciosa
ocultaba el miedo bajo
un blanco techo donde
era proyectado el
pasado.
Ella, de sonrisa pálida
sobre mortecina piel
no abrazaba el consuelo,
caían de ella los silencios
rotos, se despegaba de
la vida conforme la
soledad rompía la
ilusión.
Ella, cuyo corazón
arañado era nómada
del viento.
¿Porqué esperaba?
Pies quebrados
reteniendo el movimiento,
lloraba impotencia seca
sobre tierra infértil
en una época amarga
y desheredada de
entendimiento.
Ella, ¿qué es ella?

1 comentario:

  1. A veces es duro soportar Madrid y sus días. Me gusta lo que escribes.

    ResponderEliminar