sábado, 6 de noviembre de 2010

Sol, frente
a un reloj
cuya única
misión
es mostrar
el paso de
los años
escuché
mi corazón.
Tan silencioso,
tan triste, un
corazón cuyos
únicos pasos
a la felicidad
se vieron paralizados
por un golpe seco
sobre oscura mesa.
El corazón llora
agua seca creando
surcos ardientes
sobre este rostro.
Hoy vi su muerte,
la decadencia de
un latido que luchó
por sobrevivir.
Mi cuerpo en sintonía
con el cielo quedó
sepultado por
palabras justificadas,
palabras firmes sobre
inestable suelo donde
perdí la razón y la
soledad, aprovechándose
me golpeó duramente
contra frío viento.
Rostros enfermizos
fueron testigos de
entristecida música
esférica anclada en
llagado cuerpo.

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