lunes, 27 de diciembre de 2010

Desintegrado rostro,
fallece de impotencia
la bondad.
Rabia, como un
perro enloquecido
se aferra al corazón
una enfurecida
realidad.
Apenas respira,
quieta, estática,
anclada en el
doloroso silencio.
Cuesta vivir,
incesante lucha
por una supervivencia
ingrata.
Caes, te levantas,
caes tras punzante
olvido, abrigas
el alma con abrazos
pintados.
En el deleite de una
esperanza nace la
tristeza al ser
disfrazada de recuerdo
melancólico.
Salvaje juventud
enclaustrada en
anónimas palabras.
En un segundo cae
la reflexión, siento
tu luz y desapareciendo
de este mundo me pierdo
en dulce ensoñamiento.

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