sábado, 25 de diciembre de 2010


Labios que
besaron
miradas
lejanas.
Miradas
cuyas retinas
no vieron más
rayos nacientes.
Labios inertes,
labios cerrados
dibujando palabras
en el vacío.
Entre cabello
estampado contra
frío rostro, los
labios enmudecieron
soñando con pronunciar
aquellos nombres
lapidados.
Cae hielo, las mejillas
grisáceas lloran,
no hay nada, ni fuerza
ni entendimiento.
Puerta cerrada como
desnuda espalda.
Un segundo abierto
dando a luz a un minuto,
suficiente motivo para
que un latido decida
respirar.
Tú, tras años ocultos
en quebrados tonos
moldeaste un nuevo
rayo, una tenue luz
capaz de alumbrar
la tristeza.
Mi no oscuridad,
ese cielo abierto,
mi no escritura,
mi no verso,
respiración perfecta
en mi imperfecta
respiración.
Amor.

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