martes, 15 de febrero de 2011


Cielo dividido,
una tierra seca
mojada por mis
propias lágrimas.
Obligada a depositarte
en manos de la muerte,
en atormentado día
aprendí a decir un
nuevo tipo de adiós.
Atormentado corazón
el mío cuando te dejé
marchar esta tarde
de febrero de suelo
mojado.
De rollidas bajo este
cielo te busco, te llamo
de nuevo pero tu mirada
ya viaja lejos.
En silencio te llamo pero
tú ya no estás aquí para
seguir caminando.
Tantos recuerdos
golpeando el pecho
que de tanto golpearlo
se ha roto.
Roto pecho silenciado
por la pena, pena al
verte cerrar esos
negros ojos, al ver
cerrar ese pequeño
corazón.
Llueve profundamente
en mis ojos, la garganta
manantial de dolorosos
y agrietados versos
te hablan sin obtener
respuesta.
¿Quién te cuidará?
¿Quién te abrazará
cuando huyas asustada
de los relámpagos?
Cuanto cuesta decir
adiós a un ser puro
cuyo espíritu dejó
huella indeleble
en el recuerdo.
Hasta siempre
fiel amiga y compañera
las batallas nunca nos
derrotaron, tan solo
nos hicieron más fuerte.
Hasta siempre, que las
estrellas te abran las
puertas de tu nuevo
hogar y desde alli
me mires y abraces.
Desde eso nuevo hogar
háblame, para que
encuentre consuelo.
Hasta siempre naturaleza
mía.

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