sábado, 5 de marzo de 2011

Quiso unos
zapatos nuevos.
Una nueva
andadura
en tan complejo
y extraño universo.
Quiso tantas cosas
que el mundo se
dividió, cruzó
tierras desconocidas,
tierras ensoñadas
guardadas en pequeñas
cajas metálicas.
Aquel metal que
chilla cuando sobre
él caen fuertes
gotas de rabia.
Fingir sonrisas,
si las sonrisas
fueron abandonadas
en la desconocida
y tímida niñez.
¿Cómo? Rabia.
Pequeñas sonrisas
mordidas cruelmente
por la impotencia
de un día perdido
y un mañana desconocido
donde el dolor aumenta.
Aparecen los recuerdos,
fuertes edificios de
gran carácter sumidos
en la tristeza inamovible
por haber soñado
demasiado rápido.
Los sueños, esas pequeñas
luciérnagas en la mente
que viajan gratis hasta
el corazón, alimentados de
angustiados cuerpos
desnutridos, deshidratados,
ansiosos por beber nuevas
luces.
La esperanza recorre
con dulzura sarcástica
el cuerpo, usando esa
lengua de fuego sobre
piel herida y desgastada.
Los ojos son abiertos,
tratan de retener la
esencia de cada cuerpo
ensoñado.
Ansiedad.-Esa puerta
abierta cerró vilmente
la mirada desterrando
la capacidad de soñar
demasiado lejos.
¿Nueva andadura?
¿Nuevo camino si
los pies habitan
en suelo oscuro
y desconocido?
¿Si dejamos los
sueños qué somos,
quienes seremos?

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