sábado, 30 de abril de 2011

Amó, amó tan

intensamente que

en perpetua estática

mirada quedaron

eternizados aquellos

momentos nacidos

de sus desgastadas

manos.

Amó hasta asesinar

sus latidos,

su "todo" quedó

enterrado en aquellas

cenizas ahora ya

demasiado lejanas.

Unas cenizas que cayeron

con aplomo y decisión

sobre su boca.

Esa boca enmudecida,

esas manos convertidas

en constantes palabras

de melancolía.

Dormida, necios fueron

los ojos esquivos

que titubearon

ante ese ilusorio

amor maldito.

Colores desprendidos,

aromas perdidos

en este tiempo

ingrato.

Tuv0 su voz

y ahora tan solo

tiene una eternidad

para recomponer

aquellas sonrisas

ensombrecidas.

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