martes, 26 de abril de 2011

Desgastados huesos

heridos por mutiladas

sonrisas.

Alma regocijada en la

extrema pureza de la

melancolía.

Mas allá de un color, de un

viento ensordecedor

habitan las palabras.

Aquellas pequeñas bailarinas

desordenadas en el fondo de

una oscura habitación.

Oscuridad ensangrentada,

oscuridad cruel sobre mirada

flagelada.

Un sudoroso escalofrío

interrumpe solitaria noche,

busca morada en un desvencijado

cuerpo.

Los vagones siguen llenos,

y un pequeño halo de soledad

aleja a este entristecido pensamiento

de lo terrenal.

Los niños siguen bailando en esta

austera realidad, siguen soñando

en tiempos adversos.

En la adversidad reside el

punto de encuentro exacto

entre los sueños rotos y los

ensoñamientos perpetuos.

¿Cuál será el camino?

Camino sentada, de repente

soy pared, cristal, reflejo.

Ella viene a mí, yo voy hacia

ella.

Bebo sus tímidos versos

de manera tan sedienta

que un pesado miedo

lapida los gestos

dibujando un perdido

rostro refugiado

en el recuerdo.

Amor.




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