sábado, 9 de abril de 2011

Huír, correr

hasta que los pulmones se asfixien.

Dejar atrás cada pétalo prometido,

cada palabra pintada en la retina.

Salir de aquella boca disfrazada,

aniquilar cada pie

hasta llegar al comienzo

de aquellos sueños perdidos

ahora en el tiempo de su cuerpo.

Sentimientos en descomposición,

exhumados, de nuevo maltratados.

-"Corre, niña no dejes de saltar cada obstáculo."

La niña murió en manos

de su amado verdugo.

Murió para reencarnarse

en eterno suspiro fracasado,

su cuerpo no atravesará nuevas puertas,

sentada frente a una pequeña ventana

esbozará la agónica tristeza

desde un nuevo mirar.

Amordazado corazón,

cristalino, de bohemia,

acristalada muralla

sobre su memoria.

Sobre la fina suspensión

de puntos suspensivos

anidados en el pecho,

versos encolerizados,

malditos versos de renuncia,

versos tan cortos como profundos.

Versos agotados,

sueños sin versos,

versos que no son ni serán perdonados.

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