martes, 12 de abril de 2011

Movimientos,

ruido, palabras.

La distancia baila,

muerde mis labios

ahora ensangrentados.

Entre saludos alcoholizados

un cuerpo se ha perdido

en una gran ciudad anestesiada.

Ciudad adormecida, incoherente,

batida en riguroso duelo

entre pasiones melancólicas

y crueldad ensordecedora.

Un cuerpo perdido en la diminuta

distancia de un silencioso latido.

¿De qué hablaron aquellas

agónicas pulsaciones?

¿Acaso hablaron de punzante

dolor ó prefirieron hablar

de olvido?

Luna, testigo de tanto

dolor, golpes,

golpes de acero sobre

aquellas paredes.

Muros de contención

abrazados a los gritos,

altas paredes abrigaron

ese perdido cuerpo.

¿Cómo llegar?

¿Cuál será el nuevo

camino directo a aquella

sonrisa cosida sobre

tantas heridas?

Visualizado amor en la

distancia, ahora difuminado

por pupilas que luchan en

alta mar.

Una mano aferrada en el

estómago e irónicas noches

señalando vilmente cómo

serán los días.

Días enquistados en la propia

vida, esa vida anidada

en los sueños,

donde la realidad es un

sencillo trámite, un pequeño

papel firmado.

Una vida vestida de amor

desafortunado, una vida

no amada que desea amar,

acariciar esa esperanza

que brilla cuando un beso

cruza el cielo.

Los pies desean huír,

quemar sus suelas,

la mente se funde en

delirantes suspiros,

el corazón siente como una

gélida mano se apodera

de la voluntad.

Miedo.

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