miércoles, 27 de abril de 2011

Rayos de luz



guardados en la recámara.



Como pequeños soldados



sedientos de venganza.



Salen de allí con paso



lento, cabizbajos,



sin aliento.



Rayos de luz sobre



temblorosas manos,



pidiendo la palabra,



rogando la comprensión



de esa oscura mirada.



Voz dormida, voz



sin luz ni sombra.



La puerta fue cerrada



no corriste tras ella,



dejaste alimentar el



orgullo con irónica



lejanía.



Lejanía, destierro,



fiel refugio de aquellos



ensoñados y enamorados



ahogados en sus propias



lágrimas.


Lágrimas austeras,



lágrimas envenenadas,



capítulos sin cerrar



sobre solitaria almohada.



Hace frío, demasiado pues



las flores cantan en alabanza



a estos rayos.


Rogando que vuelvan


aquellas calles repletas


donde los niños


eran niños,



donde los niños no



dejaban sus pequeños


zapatos para enfundarse


en serias corbatas


ni pesadas cargas.








No hay comentarios:

Publicar un comentario