sábado, 2 de abril de 2011


Seguía girando,

todo en movimiento

salvo un único

estático sentimiento.

Sueños rotos alrededor

de un corazón paralizado.

Los amantes murieron,

resucitaron nuevas lágrimas,

llovieron antiguos momentos

debilitándose la mirada

hasta el punto de no sentir

nada, absolutamente nada.

Amarga poesía ensangrentada,

las palabras de su boca

fueron heridas de muerte.

Suena una melodía punzante,

una melodía convertida

en rayo atravesado desde

el cerebro al corazón.

Cajón de sueños vacios

donde la crueldad cedió

su asiento a un incómodo

silencio desengañado.

Murió ella sobre su costado,

ese pecho que tanto le hizo

llorar.

Murió dejando atrás una

ensoñada realidad.

Guardó el último latido

en esa roja maleta,

ese equipaje torturado.

Deseó gritar, romper

cualquier barrera,

huír, deseó convertirse

en profunda tierra.

Ahora, con su cajón

de sueños rotos, un adiós,

un latido y su propia muerte

cierra las pupilas observando

un cielo deshecho, un mundo

agónico.

Universo paralelo sin lucha,

ese adiós asesino de sonrisas,

ese adiós deudor de tanta

felicidad, ese último adiós

sobre la herida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario