miércoles, 25 de mayo de 2011

Besados por el miedo,

duermen los cuerpos,

las voces son llevadas

allí, a lo lejos, donde

el corazón ni escucha

ni siente, ni ve

ni comprende.

Allí, donde los sueños

no mienten, donde los

sueños adquieren latidos

y propias mentes.

Besados desde la lejanía

de una solitaria noche,

bajo una luna apagada.

Oscuridad en un corazón

pensativo mientras

las palabras nadan

a su antojo en una

boca sedienta de

conocimiento.
Duelo de ideas

contradictorias

en tus sentimientos.

Duelo de latidos en

mi pecho.

Dolor, sencillo

y punzante dolor

tan rápido como

huír lejos cuando

el miedo se aferra

a la ilusión y la garganta

queda pisada por el

vencimiento.

Luchar batallas

cerradas,

cerrar puertas

abiertas para tratar

de abrir nuevas ventanas.

Olvido, esa dura doble

ventana la cuál traté

de abrir.

Tanto deseé su apertura

que tan solo obtuve la

retención de un dolor

perpetuo.

Condenada al eterno

recordar de los momentos

muertos mientras batallo

ferzomente contra aquellos

fantasmales rostros

condenados a cargar

con mis lágrimas.


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