jueves, 30 de junio de 2011

No quería guerras,

tan solo ese alimento

fortificador.

No quería más innecesaria

lucha, sino agua purificante

que aliviara el dolor.

No quería ni flores ni palabras

tan solo acortar la distancia.

Esa diminuta lejanía que para

ella era todo un universo

complejo y paralelo

difícil de soportar.

En la tristeza de un amor

presente se perdía soñando

con esa esfera creada a su

alrededor.

Teñida la palabra de oscuridad,

sus desorbitados ojos trataban

de encajar esos abrazos vestidos

de frialdad.

No despertaba, rodeada de

paredes escuchaba en el

eco su propio pensamiento.

Tocaba finas cuerdas, tanteando

la realidad.

Desconfianza enmascarada de

dulces y versificados momentos,

autoengaño masticado entre

besos y besos.

Delirium tremens.

Silencio sonoro desde

sus quebrados tobillos

hasta su torturada alma.

Melancólico positivado

hasta enmudecer la esperanza,

pues aquello enterrado tan solo

será conservado, sin resurrección.

Imágenes, constante vuelo de

rostros, manos, miradas

que traspasaban el corazón

acelerando el ritmo cardiaco

hasta un explosivo y

demacrado llanto.

Decoro, juego de títeres

bailando sobre el estómago

marcando cada paso

real en un fantasioso

respiro sobre pálida

tez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario