jueves, 14 de julio de 2011

Ahogarse,


morir en manos


de un recuerdo


mientras con


fuerza tratas


de abrir una


pequeña luz.


Morir en el día


para resucitar


en angustiadas


noches.


Soñar, caer de


nuevo en la


realidad.


Morir,


constante morir


en mí.


En vuelo de


un zunzuncito


quedan selladas


las palabras


non natas.


En el soplo de la


ira queda


la impotencia.


En ese último


beso quedaron


guardadas


múltiples heridas


de un amor en


guerra.


En ese respirar


dolorido la garganta


se cierra dando


paso a agónica


oscuridad.


Permanente


caida sin


dirección.


Y esa Luna que


abandonó el


cuerpo viaja


desorbitada


en busca de


un nuevo hogar.


Horas refugiadas


en perdidas miradas


analíticas.


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