miércoles, 13 de julio de 2011



Corre el alma

abandonando

este cuerpo.

Cuerpo afligido,

cuerpo partido.

Corre el alma

hacia ti.

Mirada cerrada

recuerda cada

dulce acariciar

del viento.

Ese viento compartido

cuando Madrid fue

convertida en una

pequeña caja

de latidos.

Ahora, esa Luna

que vimos,

esa misma Luna

reflejada en mi quebrado

rostro dice que huya,

que salga al encuentro

del amado.

Correr sin mirar

atrás, correr hasta

apagar la angustia

cuya meta final

sean nuestros

labios fundidos

en un eterno beso.

¿Cómo olvidar si el corazón

abraza el prematuro

pasado?

¿Cómo abrazar nuevos corazones

si la mente sigue escribiendo

todo lo vivido?

En la permanencia de un

exiliado latido yacen

dolorosas lágrimas

envolviendo mis

manos con

un tembloroso

verso nacido

de mis propias

entrañas desgarradas.

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