martes, 26 de julio de 2011

Entre voces dormidas,

los días convertidos

en nocturnidad,

las noches vestidas

de soledad.

Las manos escribieron

sobre sus pieles

extrañas sensaciones.

Tras la lejanía de un

amargo tiempo

la vida revivió

convirtiéndose

en un sencillo beso.

Plenitud de dos

bocas en delicado

movimiento

mientras cerrados

ojos acariciaban

esos torturados

rostros.

Vida, llegó la

plenitud y ellos

abandonando

pequeños y pesados

equipajes se embarcaron

hacia nuevas tierras

en busca de la felicidad.

No hubo separación

ni tampoco tristeza.

Nacieron nuevos

latidos bañados en

luna, quienes cruzaron

este cielo madrileño

ante un nuevo grito

apasionado.



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