miércoles, 20 de julio de 2011

Hablaron,

dijeron la última

palabra.

Sobre sus cabezas

cayeron apesandumbrados

los latidos de un eco

estático.

Distancia punzante en el

corazón, corriendo

con gran velocidad

sobre debilitado

cuerpo.

Muñecos descorazonados

por tiempos adversos.

Muñecas reclamando

ese amor perdido.

Heridas suturadas

a lametazos,

ojos convertidos en

puñales melancólicos

donde el silencio

camina a paso lento

pisando vilmente

la esperanza.

Aquella esperanza

que un día hizo de mi

cuerpo un templo.

Ese templo ahora sin

piedras, sin cimientos,

templo transformado

en cementerio.

Esquelética seriedad

busca esos labios

sonrientes donde

la felicidad encuentre

cobijo perpetuo.

Hablaron para

luego encerrar

esas palabras en

doloroso recuerdo.

Explosión de lamentos

ante amargo desconocimiento,

impaciente juventud en

ansias de libertad amatoria.



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