jueves, 25 de agosto de 2011

Bajo el peso del mundo,

aquello que un día fue

no vio de nuevo cegadora luz.

Esa luz ahora perdida en

oscuridad maldita.

No volvió a ser lo soñado

ni tan poco lo deseado,

deambulando tras su

amor contentábase

con un pequeño guiño.

Doloroso bagaje sentado

sobre los hombros,

deseaba dormir para alejarse,

para desterrarle de su realidad.

Deseaba correr sin mirar atrás

para dar contento al olvido,

por más que corría seguía

allí en ese punto inicial de

encuentro con su semblante

frío y serio.

Dejó de ser ella para convertirse

en puro entretenimiento,

gratuito rostro con altos

costes en lágrimas.

El amor envejecía la belleza

sin ningún tipo de consideración,

ese amor viejo clavado en la

retina como perla dormida

en rocoso aposento.

Le creyó aquel anochecer

cuando el cielo madrileño

fue convertido en testigo

del desconsuelo,

le creyó cuando dijo

que cambiaría el mundo

para que ella fuese alimentada

de sonrisas.

Le creyó abandonando en el

recuerdo cada oportunidad de

ser nueva, de tapar al menos

el dolor.

Ahora, envuelta en melancólicos

anillos su rostro compungido

vomita la verdad con el fin

de dar destierro a la ilusión.

Mentira sobre mentira,

verdades inventadas

atraparon joven rostro

dando muerte en vida

al corazón.

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