domingo, 25 de septiembre de 2011

Ellos soñaron

con una adormecida

paz.

Soñaron con despertarla,

con abrazar un cielo

azul por aquel entonces

atormentado y mutilado.

En las horas bajas

bajo una pesada carga

la tristeza apoderada

de fuerte rabia se

reflejaba en pequeños

rostros.

Aquellos rostros pasados

que compusieron

un proyecto final

de mirada antigua

atrapada ante

nuevos y desconocidos

caminos.

-"Niña, ¿porqué

agoniza el verde mirar

escondiéndose bajo

estático pelo?

Niña, ¿cuándo tu

corazón sangrante

dejará de emanar

agridulce agua?"

Soledad palpitante

sin pulso ni definitivo

rumbo.

Soledad callada ante

su suspendida cara en

la lejanía de aquellas

horas muertas

tumbadas en aquella

plaza de Santa Ana.

Soñaba para dejar de

soñar y aceptar la

realidad, sencillo

contento que calmase

la impotencia de amar

y ser golpeada

por irónica distancia

impuesta tras el nacimiento

de un malquerido egoísmo.

Dolor.




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