sábado, 10 de septiembre de 2011

Lacrimosa, duermen
las sensaciones para
dar paso al desarraigo.
Miraron más allá
del castigo aquellos
que nunca fueron
dueños de sus actos.
Tempestad dolorosa
esta mañana de septiembre
cuando el orígen fue destruído
y las palabras sepultaron
con sus propias manos
cada suspiro.
Hoy el corazón grita,
grita desde la profundidad
de un oscurecido día.
Desde ese alma cuyos
latidos se desintegran.
¿Dónde está su mano?
¿Dónde están esos labios?
Rostro en descomposición,
rostro plomizo, sin máscara
ni decoro.
Hoy el rostro ha dejado de
ser rostro para convertirse
en atormentado mar.
Aquel mar donde la infancia
encontró una vez la felicidad,
ese suave aroma gaditano
enfrascado en cristal de
bohemia ve perder su
esencia con cada punzante
sufrimiento depositado
en el recuerdo.
La música sobre las manos
juega a soñar con tiempos
mejores siendo el instante
perdido en alguna parte
de dicho temblor.
De fondo suenan las cuerdas
de un melancólico violín,
un sonido tan grande e intenso
para tan pequeño ser,
una habitación iluminada
por el débil humo
de un cigarro hace estallar
el baile tenue de un romance
agrio.

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