viernes, 11 de noviembre de 2011

Durmieron bajo



sombras sin árboles,



durmieron aquellos



sueños incumplidos.



Bajo cristalina agua



las voces callaron,



ese susurro



en los tímpanos



quedó mermado.



Infructuosos pasos



cayeron despacio



sobre el rostro,



envejeciéndolo



hasta corroer cada



átomo felizmente



dibujado.


Ahora, el ahora


ya no importa


si está vestido


de dolor.


Máscaras macabras


danzan a mi alrededor,


bailan canciones apagadas


en esta terrible oscuridad


abrazada al corazón.


Te esperé cada día,


te esperé incluso


abrazada a tí


aquellas noches de


otoño en un Madrid


decadente y sombrío.


Te esperé pero tú


permaneciste en la


distancia dejando


escapar cada


segundo de una


existencia ingrata.




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