domingo, 15 de enero de 2012

Cayó la esperanza
en dura espera
tras una dulce mirada.
Agrias caricias sobre
blanco rostro envejecido
por profundos sueños
rotos.
Manos vacías, manos
que lloran bajo
un plomizo cielo,
entristecido por aquel
latido que dejó de latir
conforme las palabras
besaban ese corazón.
La vida sobre un andén,
eterna espera de momentos
dulcificados por el soplo
del enamorado.
La vida sobre temblorosos
pies, pies perdidos en
un mundo habitado
por un abatido amor.
Y tú, que lo tuviste todo
rechazaste la respiración
enamorada de esos jóvenes
ojos que vieron en tu cuerpo
la dirección directa hacia
la felicidad.
Como un niño rompiste
lo más valioso en el
instante que el corazón
fue vestido con gélidas
ropas que ensombrecieron
más que amaron estas
manos que ahora vacías
lloran ante esos
sueños rotos,
acunándolos con
desesperación este
frío domingo solitario.

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