miércoles, 4 de enero de 2012

Miraba triste
recordando cuanto
ofreció y cuanto
perdió en su
ofrecimiento.
Con un corazón
vacío observó
con punzante dolor
grandes tierras
que abrazaban
la desolación
que ese día sentía
su alma.
Amó, amó tanto
que olvidada
la respiración
los sueños fueron
obligados a conformarse
con su diminuta
realidad pintada
por enmascaradas
sonrisas forzadas.
Nada, no hubo ni
un más allá ni un
agradecido presente,
tan solo nació
el deseo de caminar
sin volver la mirada.
Olvido.
Melancólicos aullidos
de una luna testigo
de ese moribundo
corazón luchando
por sobrevivir
en un universo
solitario.
Huyó para poder
encontrarse,
gran desconocimiento
de las lágrimas causadas
por aquellas manos
que un día fueron
capaces de calmar
tanto dolor
encerrado.
Nada no nació nada
aquella mañana,
tan sólo un intenso
frío encolerizado
por la falta de
sinceras palabras.

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