sábado, 18 de febrero de 2012

Escondido tras
un enmascarado
miedo.
Duermes ese tiempo
alejando tu esencia
para abandonarme
en entristecido
pasado.
Sigo aquí junto
a las imperfecciones
que separaron nuestros
cuerpos.
Sigo caminando sentada
esperando que abras esa
puerta tras la cuál
escondido me piensas.
Sigues estático
pero en mi corazón
tan dinámico que
tu ausencia aniquila
toda posibilidad
de renacer en
tiempo y espacio.

Sentimientos fragmentados
se pierden a lo largo
del camino recorrido,
desconfía la respiración
titubea al imaginar
un después.
Un atormentado después
donde aquel rostro
no vuelva a ser besado
con la mirada.
Estremezco, lloro,
lanzo cada lágrima
a un olvidado mar,
aquel que surcamos
en busca de un
ápice de felicidad.
Ya no estás y aquellos
días no volverán,
volaron hacia
espinoso destierro.
Tan sólo momentos
paralizados recuerdan
pequeñas partes
del rostro amado,
ese rostro que la
piel no desea desdibujar.
Miedo, dolor, presión
que ahoga la sonrisa
con melancólicos
puños de soledad.
Amor, ¿dónde estás?
Te esperé demasiado tiempo
y ahora tumbada sobre
el vacio los días
transcurren anónimamente
huyendo de los versos,
huyendo del sufrimiento
al no poder besar ese suelo
que nos sostuvo durante
tanto tiempo.

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