domingo, 26 de febrero de 2012


Mala hierba la que
hizo florecer
la juventud.
Mala hierba aquella
que resucitó la
pasión para luego
huír y obligar
a aquel dulce
corazón a marchitar
ensangrentado
entre tanta pena
y frustración.
Días sin contemplación,
angustia nacida de
una solitaria lágrima.
En un jardín de promesas
arrancadas,
en aquel edén donde los
sueños nos soñaron
arrastrándonos rápidamente
hacia arenas movedizas.
Aquel lugar donde
arrancaste sin amor
cada enamorado pétalo.
Mueren los días sin voz,
sepultados por cierta
indignación.
Sin valor alguno
el sentimiento fue
tan prostituído que
el rencor siembra
apasionado odio
donde hubo amor.
Contradicción.

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