sábado, 11 de febrero de 2012

Vi el todo
mientras una luz
me cegaba,
derepente todo
se borró, todo
ápice de color.
Fueron obligados
los ojos a ser abiertos,
no pudieron ver nada
tan solo desgarrado
lamento ensangrentado
cubriendo la plena
desnudez de un
amargo y lento
anochecer.
Abierta mirada
descubrió que nunca
existió, cada lágrima
o llanto, cada sonrisa,
cada recuerdo tan solo
nacieron de enfermiza
esperanza.
Estremecida piel,
aquella blanca tan
pura como la perfección
del amanecer,
esa piel moribunda
deambula por un
agónico Madrid
tratando de sobrevivir.
Dolor, Dios, cuanto
dolor se abraza al
corazón.
¿Dónde está mi alma?
¿Dónde está?
Es buscada pero en el
cuerpo tan solo se
encuentra un angustioso
eco solitario.
Eterna espera,
los sentidos fueron
asesinados por los sentimientos.
Se cierra la garganta
mientras nacen tristes
versos de las manos.
Sin sonoridad las
palabras viajan a través
del silencio desde el corazón
hasta aquel lugar donde
decidiste refugiarte.
Pasado, pesado equipaje
de heridas y lamentos.
¿Qué soy o qué seré?
¿Qué fui?
Tan solo un momentáneo
deseo que sucumbió
al adentrarse en este
mundo extraño.
Tan efímera como
una sonrisa,
tan efímera como
esos abrazos
Soy y seré pequeño
latido olvidado.

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