domingo, 27 de mayo de 2012

Dejó de ver
el ojo lo soñado.
Fueron los ojos
quienes abandonaron
en lo alto del
camino el doloroso
arte amatorio.
Y es ese ojo,
quien hoy dibuja
con luces opacas
lo que las palabras
no pudieron ni podrán
decir.
Son los ojos quienes
bañados de tristeza
pintan quebradas
sonrisas en la
distancia de un
malquerer.
Y es ese malquerer,
hoja afilada
en abierta herida
precipitada,
sobre abandonado
cuerpo condenado
a querer aquella
sombra proyectada
en el oculto
rostro lunar,
donde los días no
mueren sino
fortalecen
el olvido.
Donde su nombre
ya no se pronuncia,
donde el dolor
es el único capaz de
revivir cada noche
donde abrazados
soñaba con la plena
eternidad.
Donde yo tan solo
era mirada enamorada,
donde la silenciosa
paz comenzaba
a crear ese nuevo
universo.
Donde el sufrimiento
desaparecía
besándonos.
Hoy, no estás
y desérticas lágrimas
condenan a esta mirada
a marchar.
Y en esa marcha
la respuesta será
encontrada.

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