domingo, 11 de noviembre de 2012



"Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso, ¡qué soledad errante hasta tu compañía!"
 
 Pablo Neruda.
 
 
Meses, días,
minutos, segundos.
Horas que desembocan
en el mismo dolor por
la pérdida de aquel
que debió sembrar
violetas y no más dolor
por su ausencia.
Hablan los ojos desde
profundo silencio gritando
a pleno pulmón ese nombre
amado.
Ese nombre perdido,
difuminado.
Y el dolor enquistado
ríe, se regocija viendo
como esa mirada muere
constantemente.
Ríe ante esa eterna espera
de manera hiriente e irónica,
ridiculizando esa esperanzadora
espera atrapada en callejones
oscuros y fríos.
"Él no volverá, jamás
te quiso. No te quiso como
tú le amaste" exclama señalando
este debilitado cuerpo consumido
día y noche por el recuerdo.
Dolor sobre dolor y un amor
perdido en el pecho que golpea
con vileza esta seca soledad.
Silencio.
Muñeca de trapo atrapada
en enfermizo y desquiciado
tiempo donde la realidad
mostró el malquerer de
aquel que fue puramente
amado.
Muñeca de trapo atrapada en
las heridas de aquel verdugo
que ríe y camina entre algodones
estériles tratando de ser aplaudido
con cada vocablo.
Muñeca de trapo que camina sentada
con mirada cabizbaja soñando
que algún día él llorará las heridas
que con sus viles manos causó
en las entrañas de su corazón
enamorado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario