jueves, 28 de marzo de 2013

 
 
 
Ojos en las manos,
un cielo desnudo
acariciando la
fragilidad de una
mirada que desde
hacía ya demasiados
años caminaba cansada
en una ciudad de
grandes engaños.
 
Caían los amantes
en noche silenciosa,
caían los amantes
en una nocturnidad
sin horas, sin
canciones ni
lamentos.
Cayeron los amantes
mientras lamían
cuerpo a cuerpo
heridas de guerra.
Heridas olvidadas
tras la perfección
de un primer beso.
Bocas desconocidas
donde fueron esbozadas
enmudecidas palabras.
Pintaron con oscuridad
delicada luz, el Ayer
tan solo era un
recluso de un Hoy
prostituído.
Cuerpo refugiándose
en otro cuerpo,
cuerpo que encontró
en aquel cuerpo
cada segundo
perdido.
Ardió Madrid
bajo el baile
de un nuevo
y extraño  llanto.

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