domingo, 16 de junio de 2013


En aquel andén,
donde todo empieza
y nada acaba.
En aquel andén donde
las horas creen  ser
segundos que pasan
fugazmente rozando
tu piel.
En aquel andén donde
los días son grandes
ausencias y los
ausentes son marionetas
de tragicomedia que
repiten una y otra vez
que quizá mañana
te vea y des por
terminada esta eterna
espera.
En aquel andén donde
recorro palmo a palmo
cada nombre escrito
en la memoria logro
pensarte hasta rozar
tímidamente tu boca
deseando vestirme
con ella y poder
saborear lo que la
vida aún no ha logrado
darme.
Sentada en el andén,
un incómodo silencio
me quema;
pasas sin pararte,
sin mirarme, sin desearme
mientras yo estoy estática
deseándote con la mirada.


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