viernes, 16 de agosto de 2013

 
Pensaban las hojas
que seguirían
intactas, tan
blancas como
las marcas
que dejaron
los puñales rotos
sobre la cama.
Pensaban las hojas
que no verían pasional
tinta penetrar la pureza
con la que observan
la vida.
Cansadas de desnudarse,
de vestirse, cansadas
de caminar sin una
dirección pensaban
las hojas que nada
nuevo vendría.
Nada nuevo atravesaría
esa puerta cerrada,
ahora el cielo
aprende a ser de
nuevo cielo abrazándose
al sol, dejando que él
ilumine la opacidad.
De cristal de bohemia
se pintan los labios
cuando la dulzura
acaricia suavemente
la piel.
Aquella piel
desgarrada, aquella
piel mordida desde
las entrañas.
Es ahora esa piel
la que desea ser
convertida en diminuto
refugio, en aquel
lugar donde el silencio
hable y el ruido
tan solo pertenezca
al intenso latir de
un pecho que de
pronto fue bañado
con sonriente
esperanza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario