sábado, 17 de agosto de 2013

 
 
 
La sombra regresó,
tocó con su lengua
el muro que fue
derribado.
Súbitamente lo
expuesto a plena
luz diurna fue
escondido.
Excusas y más
excusas tras haber
donado lo más
bellamente guardado.
Miedo.
Sirvió de poco descubrir
lo oculto si bajo  esta
Luna lloran las violetas
la pérdida de la sonrisa.
Sirvió de poco mostrar
lo escondido si la
soledad sigue pisando
de manera tan cruel
tras pensar que el
muro podría ser
derribado.
Entre juegos egoístamente
infantiles la realidad
se permitió el gusto
de soñar, ¿ para qué?
si todo lo pintado
era irreal frescura sobre
lienzo abandonado.
 
Tristes horas habitan en
mí como yo habito en cada
triste hora que no se de ese
cielo iluminado que
por un segundo supo
cubrir la tristeza
con irónica felicidad.
¿Para qué derribar fronteras
si la soledad sigue existiendo?
Soledad que te penetra hasta
desgarrar lo poco que queda
en pie.
Soledad que te asfixia
apuntándote con su
dedo angular,
recordándote
la idiotez que te
embaucó al pensar
que todo sería
diferente y que podrías
amar y ser amado. 
Ilusión ficticia de la
eterna amante.
Tristeza.
 

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