martes, 10 de septiembre de 2013

 
 
 
Un lugar,
un espacio donde
poder permanecer,
donde poder deshacer
la pesada maleta que
tanto ha dañado
la espalda, aquella que 
un día fue besada.
Un lugar donde
permanecer horas
sentada en silencio
observando la realidad
desde los sueños.
Un lugar donde la
realidad deje de
ser soñada y lo
soñado sea convertido
en la única realidad.
Un lugar donde no
exista ni el dolor
ni el temor a perderlo
todo.
Un lugar sin esquinas, sin
puertas, donde tan sólo
existan ventanas abiertas.
Un lugar donde el día y
la noche no lleguen a
las manos, un lugar
sin sangre ni heridas,
un lugar donde poder
refugiarse.
Un lugar donde el
amor tan sólo sea
amor y no engaños
y ensangrentados
puñales.
Un lugar en el que
habitar, donde los
segundos sean
eternos guiños,
donde los minutos
sean horas y
las horas dulces
estaciones que laman
la piel suavemente.
Un lugar sin un
final escrito,
un lugar donde quedarse.
 
 

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