jueves, 12 de septiembre de 2013

 
 
Cuando dejaron
de ser niños
la luna dejó
de ser el centro
de los sueños.
Cuando dejaron
de ser niños
la tierra ya no
era el rincón
de exploraciones
donde aventurarse
en busca de tesoros.
Cuando dejaron
de ser niños
la luz fue convertida
en eterna oscuridad
y la oscuridad en
fría lágrima anclada
en el iris.
Y qué decir del arco iris,
cuando dejaron de ser
niños los colores
fueron abandonados
por corbatas negras
entre altos cipreses
de cemento y agonía.
Y qué decir de la vida,
cuando dejaron de ser
niños lo onírico fue
convertido en salvaje
ironía.
¿Porqué y para qué soñar
si la realidad era prostituida
por el dolor y la injusticia?
¿Porqué y para qué soñar
si ahora tan solo tienes
deudas y una boca
 que alimentar?
Cuando dejaron de ser
niños todo era más lento,
los días vivían de los
recuerdos y los recuerdos
se nutrían de un futuro incierto.
¿Qué fue de aquellos niños
que pisaban la luna con
tan solo mirar el suelo?
¿Qué fue de aquellos niños
que entre sueños jugaban a
ser arquitectos de un mañana,
un mañana donde el
dolor no existía?
 

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