miércoles, 18 de septiembre de 2013

 
 
Una tierra entre
palabras pomposas,
una tierra en lo más
alto de esféricos
sonidos.
Una tierra perdida
que tan solo ha sido
guiada por la pérdida
del mañana y la
ferviente esperanza
de un futuro que
aprendió a engañar.
Una tierra guiada por
aquellos que supieron
escupir cada palabra,
siendo cada palabra
previamente decorada.
Aquellos que en el decoro
de cada palabra supieron
aprovechar la debilidad
conquistando esa tierra
tan y tan perdida.
Una tierra prometida
que nunca llegó a ser
lo que su palabra ofreció,
siendo la realidad vendida
quien señala con sarcasmo
que la dignidad una vez
más fue perdida por
creer que todo cambiaría,
que por fin cada pieza
encajaría en este mundo
que muere entre irónica
agonía y noches robadas.
Mentiras con mentiras
que tratan de ser convertidas
en grandes verdades.
Mentiras que vienen
corriendo para luego
irse lentamente a través
de viejas heridas.
¿Cuántas noches quedan
por ser espinas clavadas
en el recuerdo?
¿Cuándo dejará el recuerdo
de ser la memoria de unas
lágrimas que no valieron nada?
¿Cuántos han de pasar por
aquel oasis de violetas?
Aquel pequeño oasis encerrado,
mutilado por la pena de quienes
tan solo entraron para jugar.
Juegos infantiles en manos
de hombres que venden
con florituras cuanto
no poseen haciendo rentable
cada palabra pintada en la
piel.
Hombres que son capaces
de vender con fuego la mentira
si con ello logran que creas su verdad.
Perdido el tiempo ya no queda nada
salvo esperar que todo se pierda
en la vejez de una memoria
capaz de olvidar tantos nombres
como lágrimas ocuparon tal día
la mirada.
 

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