martes, 15 de octubre de 2013



Triste es el olvido
pero más triste 
aún es olvidar.
Triste es el tiempo
perdido pero más 
triste es perderse
en un olvido
impuesto.
Tristes son las
auroras que no
llegarán a besar
esa violeta
que no llegó
a ser sembrada.
Tristes son los 
ríos donde fueron
bañadas las penas.
Ríos de ácidas lágrimas
que viajaron  desde 
las pupilas
hasta el estómago.
Ríos donde el rostro
se desfigura y el 
nombre permanece 
escrito.
Tristes son los días
donde bailan las 
palabras aferradas
a un mísero autoengaño
que dejó de consolar.
Tristes son los días
que negados a regresar
optaron por pintar 
la soledad con 
un recuerdo eternizado.
El recuerdo eternizado
de aquellos ojos 
que una vez fueron
mirados.
El recuerdo eternizado
de quien fue amado
sin saber amar.
Destierro.
Tan solo destierro
en esta gran ciudad 
de calles impregnadas 
de melancolía.
Baila, sigue bailando
mientras la muerte 
muerde los huesos
debilitados tras
el olvido.
Baila olvidando 
quien fuiste,
baila alejándote
de tu Yo,
baila olvidando 
que fuiste un Todo
reducido hoy a 
fango.
Baila sobre tumbas,
sobre títeres que 
idolatran cuanto
tienes.
Baila sin olvidar que
un día rechazaste
ser ese Todo,
ese principio motor
que pudo hacer del mundo 
un nuevo hogar.
Baila, baila junto 
a tu sombra pues 
es lo que te quedará
cuando la verdad 
atraviese tu pecho.
Baila sigue bailando
entre calles borrachas
y silencios que hablan.
Autoengaño

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