lunes, 21 de octubre de 2013



Frío en las venas.
Ese tipo de frío 
que clavando 
las uñas en tu 
pecho te recuerdan
que la soledad por 
muy efímera que 
sea siempre esta
ahí, esperando
tu regreso,
esperando sentada
para abrazarte las 
entrañas.
Frío en las pupilas
cada vez que el 
mundo pasa y ningún
tren te espera
en los andenes perdidos
de una ciudad desgarrada.
Frío que entumece cada
membrana, cada aliento
de una vida malgastada,
una vida que vive en
una eterna espera
mientras nacen y 
mueren los segundos
en un reloj sin cuerdas.
Tú con tu soledad
disfrazas con sonrisas
de papel vegetal
la miseria de un
hogar frío que 
no tiene sentido,
un hogar que lanzaste
al olvido,
un hogar que llenaste
con desconocidos
tratando de huír de tí
mismo.
Frías venas, frías
pupilas, frías manos
muertas que acarician
niñas  como copas
alcoholizadas.
Frío cuerpo que 
en la distancia 
muere mientras
siguen floreciendo
las violetas.

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