lunes, 25 de noviembre de 2013


Nunca las lágrimas 
supieron a tanta 
dulzura.
Nunca las lágrimas
demostraron tanta
felicidad.
Nunca las lágrimas
escribieron
poemas de amor.
entre tantos caminos
perdidos, caminos
que eran eternizados,
caminos cabizbajos
que caminaban 
anulando cada paso
encerrado en la 
mirada.
Cuando caminaba sentada
por esta gran ciudad 
de mentiras, autoengaños
y palabras descorazonadas
la vida se tornaba de
un amargo color
oscurecido por 
la sombra de un 
mismo recuerdo 
que no avanzaba.
Cuando observaba
desde el abismo la 
cantidad de versos
perdidos entre latidos
que no decían nada
apareciste tú.
Tú, gran hombre
de sencilla sonrisa.
Tú, gran hombre 
refugiado en valiente
corazón.
Poco queda de aquella
muñeca de trapo, poco
queda de aquellos
leones de plata que
arañaban las pupilas
con sus gélidas zarpas.
Poco quedó de un Madrid
solitario alimentado 
de autocompasión.
Poco quedan de aquellos
días enamorados del amor,
poco quedan de aquellos
días que vivían en 
constante principio 
de contradicción.
Tú, gran hombre,
de gran corazón
valiente, viniste a mí
mientras yo me dirigía
hacia tí convirtiendo
la vida en un sueño
y nuestra realidad  en 
principio motor.



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